Urolitina A: cómo una sustancia presente en las granadas podría influir en la función cardíaca

Una sustancia que, entre otras cosas, puede formarse en el cuerpo humano a partir de componentes de la granada, las nueces y ciertas bayas está cobrando protagonismo en la investigación cardiovascular.

Científicos del King’s College de Londres han estudiado ahora si la urolitina A podría mejorar el funcionamiento de un corazón rígido. En experimentos con modelos animales de una forma concreta de insuficiencia cardíaca, la sustancia mejoró la capacidad del músculo cardíaco para relajarse entre latidos. Al mismo tiempo, se redujeron las alteraciones patológicas del tejido cardíaco. Los investigadores también observaron efectos positivos en tejido cardíaco humano generado artificialmente.

Los resultados son interesantes, pero aún proceden de la investigación experimental. Los ensayos clínicos aún deben demostrar si la urolitina A puede utilizarse realmente con fines terapéuticos en personas con insuficiencia cardíaca.

Cuando el corazón bombea, pero no se relaja correctamente

Estudios anteriores ya se habían centrado en los posibles efectos de las granadas sobre la salud. Un metaanálisis publicado en 2025 evaluó 53 estudios aleatorizados con más de 2.300 participantes y encontró, entre otras cosas, indicios de mejoras en la presión arterial y en algunos otros factores de riesgo cardiometabólicos. Sin embargo, los resultados se refieren a la granada o a los preparados correspondientes, y no específicamente a la urolitina A ni al tratamiento de la insuficiencia cardíaca.

El estudio actual se centra en la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada, conocida como ICfEP. En esta forma de insuficiencia cardíaca, el corazón, en principio, aún es capaz de bombear suficiente sangre desde el ventrículo. El problema radica más bien en la fase de relajación. Un corazón sano se contrae y, a continuación, se relaja de nuevo. Durante esta fase de relajación, los ventrículos pueden llenarse de sangre. Sin embargo, si el músculo cardíaco se vuelve más rígido, este llenado puede verse dificultado. El corazón tiene entonces que trabajar con una presión mayor para absorber suficiente sangre y, a continuación, bombearla al sistema circulatorio.

Por ello, el término «fracción de eyección preservada» puede resultar algo engañoso. No significa que el corazón esté sano en su conjunto. La fracción de eyección solo describe qué porcentaje de la sangre presente en el ventrículo se expulsa con cada latido cardíaco. Este valor puede situarse dentro de los límites normales en la ICpEF, aunque la capacidad del músculo cardíaco para relajarse y llenarse de sangre ya esté alterada. Para las personas afectadas, esto puede manifestarse, entre otras cosas, en forma de dificultad para respirar, cansancio, capacidad física limitada y una menor calidad de vida. Al principio, los síntomas suelen aparecer durante el esfuerzo físico, pero a medida que la enfermedad avanza, también pueden intensificarse en la vida cotidiana.

La ICpEF es especialmente frecuente en personas mayores y, además, está relacionada con enfermedades y factores de riesgo como la hipertensión, el sobrepeso y la diabetes. También pueden influir las alteraciones en los vasos sanguíneos y los procesos metabólicos crónicos. Por ello, no existe un cuadro clínico uniforme: en cada paciente, pueden contribuir diferentes factores a que el músculo cardíaco se vuelva más rígido y se relaje con mayor dificultad.

Por ello, el tratamiento resulta complejo. En lugar de actuar únicamente sobre un único mecanismo patológico, a menudo es necesario tener en cuenta varios factores subyacentes. Precisamente aquí es donde se centra la investigación actual: los científicos buscan nuevos mecanismos moleculares que intervengan directamente en la relajación alterada del músculo cardíaco y que, posiblemente, puedan modificarse de forma específica.

Un producto metabólico cobra protagonismo

La urolitina A no es una sustancia que pase sin más, sin sufrir modificaciones, de la granada al torrente sanguíneo. Más bien se forma en el intestino: determinadas sustancias vegetales, en particular los denominados elagitanninos y el ácido elágico, son transformadas por las bacterias intestinales. En este proceso pueden generarse, entre otras, las urolitinas, entre las que se encuentra la urolitina A.

La cantidad que se produce realmente puede variar de una persona a otra. Entre otros factores, es determinante qué bacterias están presentes en el intestino y cómo procesan los compuestos vegetales ingeridos. Por eso, no es posible predecir cuánta urolitina A se produce en el organismo basándose únicamente en la cantidad de un alimento concreto.

Esto hace que la sustancia resulte especialmente interesante para la investigación. En los últimos años, la urolitina A se ha estudiado sobre todo en relación con las mitocondrias, el metabolismo celular y el envejecimiento saludable. Uno de los aspectos centrales es la denominada mitofagia. En términos sencillos, se trata de un proceso de reciclaje celular en el que se detectan y degradan las mitocondrias dañadas. A menudo se denomina a las mitocondrias las «centrales energéticas» de las células. Estas proporcionan gran parte de la energía que las células necesitan para su funcionamiento. Las células del músculo cardíaco dependen especialmente de la energía, ya que el corazón funciona las 24 horas del día y debe contraerse y relajarse constantemente.

Por ello, a los científicos les interesa saber si los cambios en el metabolismo energético y en la calidad de las mitocondrias también están relacionados con enfermedades del músculo cardíaco. Sin embargo, el estudio actual adopta un enfoque ligeramente diferente: los investigadores analizaron si la urolitina A influye en una vía de señalización que participa directamente en la relajación del músculo cardíaco.

Una proteína concreta desempeña un papel fundamental

Los investigadores se centraron en la proteína PKGIα, que actúa dentro de las células del músculo cardíaco como parte de un importante sistema de señalización. Estas vías de señalización se encargan de que los estímulos externos o internos de la célula se traduzcan en reacciones concretas. La PKGIα participa, entre otras cosas, en procesos que influyen en la tensión de las células musculares y, por lo tanto, también en la relajación del músculo cardíaco. Resultó especialmente interesante un sitio pequeño pero decisivo dentro de la proteína: el aminoácido cisteína 42. Los científicos encontraron indicios de que la urolitina A interactúa con este sitio y, por lo tanto, puede influir en la actividad de la PKGIα.

Esto es relevante porque una alteración en la transmisión de señales en este punto puede contribuir a que las células del músculo cardíaco se relajen con mayor dificultad. Por el contrario, si se activa la vía de señalización correspondiente, las células pueden volver más fácilmente a un estado de relajación tras la contracción.

Los investigadores ven en ello una posible relación entre la urolitina A y la mejora en la relajación del músculo cardíaco que observaron en sus modelos experimentales. Por lo tanto, esta sustancia no actuaría simplemente de forma general sobre el corazón, sino que influiría de manera específica en un «interruptor» molecular relevante para el funcionamiento de las células del músculo cardíaco.

De este modo, el estudio ofrece al mismo tiempo un posible punto de partida para el desarrollo de nuevos medicamentos. En lugar de tratar exclusivamente los síntomas asociados a la IC-FEP, en el futuro se podría intentar influir de forma específica en las vías de señalización que intervienen en la relajación anómala del músculo cardíaco. No obstante, aún queda por investigar si este mecanismo puede utilizarse realmente para el tratamiento en seres humanos.

Mejor función cardíaca en los modelos experimentales

A continuación, los científicos analizaron qué ocurre cuando se administra urolitina A en distintos modelos experimentales. En los animales tratados, los parámetros de la función cardíaca mejoraron notablemente. En algunos estudios, la mejora con respecto a los modelos no tratados alcanzó hasta un 80 por ciento.

Además, los investigadores observaron una menor fibrosis. Se trata de una cicatrización patológica del tejido cardíaco que puede endurecerlo y afectar a su funcionamiento normal. El aumento de tamaño de las células del músculo cardíaco también fue menor. Estos cambios pueden producirse cuando el corazón se ve sometido a un esfuerzo elevado durante un periodo prolongado.

Por lo tanto, los resultados sugieren que la urolitina A no solo podría influir en la relajación del músculo cardíaco, sino que también podría atenuar algunos cambios estructurales asociados a la IC-FEP.

También se analizó tejido cardíaco humano

Resulta especialmente interesante otra parte del estudio. Los investigadores no solo probaron la urolitina A en animales, sino también en tejido cardíaco humano creado artificialmente. Este tejido se obtuvo a partir de células madre humanas y sirve como modelo de laboratorio que permite estudiar determinadas propiedades del músculo cardíaco humano.

También en este caso, la urolitina A mostró un efecto cuantificable: el tejido cardíaco artificial fue capaz de relajarse mejor con el tratamiento. Además, se observaron cambios tanto en la relajación como en la contracción. Esto hace que los resultados resulten interesantes para futuras investigaciones. No obstante, sigue tratándose de un modelo de laboratorio y no de un tratamiento para pacientes.

¿Significa esto que las granadas protegen contra la insuficiencia cardíaca?

No, el estudio no permite en absoluto llegar a esa conclusión. Es cierto que la urolitina A puede generarse en el organismo a través del metabolismo tras el consumo de determinados alimentos. Sin embargo, la cantidad de urolitina A que se produce realmente depende, entre otras cosas, de la flora intestinal de cada persona.

Además, en el estudio actual no se limitó a analizar si las personas con IC-FEP mejoran su salud al consumir granadas. Los investigadores analizaron más bien el efecto de la urolitina A aislada en modelos experimentales.

Por ello, a partir de los resultados no se puede deducir, por el momento, ninguna recomendación sobre el uso de granadas u otras fuentes de urolitina A para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca. Los expertos también subrayan que aún no hay pruebas suficientes al respecto.

Un enfoque interesante, pero aún no es un tratamiento

El estudio aporta un nuevo indicio de que la vía de señalización PKGIα podría ser de interés terapéutico en la IC-FEP. La urolitina A podría servir como punto de partida para el desarrollo de nuevos fármacos. Al mismo tiempo, el estudio muestra muy claramente cuáles son los límites de los conocimientos actuales: Hasta ahora, los efectos positivos se han observado en modelos animales y en tejido cardíaco humano creado artificialmente. Aún está por determinar si la urolitina A también mejora la función cardíaca en personas, qué dosis sería necesaria para ello y qué pacientes podrían beneficiarse de ella. Para ello son necesarios ensayos clínicos.

Antes de que los resultados actuales puedan dar lugar a un posible tratamiento, es necesario responder a varias preguntas. Entre ellas se encuentra si la urolitina A llega realmente en cantidad suficiente a la vía de señalización estudiada en el ser humano y si los cambios observados en el laboratorio pueden trasladarse al rendimiento real del corazón.

Igualmente importante es la cuestión de la seguridad y la eficacia a largo plazo. Aunque la urolitina A ya se ha estudiado en seres humanos en otros contextos y ha mostrado un perfil de seguridad favorable, de ello aún no se puede deducir su eficacia contra la IC-FEP.

Por lo tanto, el nuevo estudio ofrece, sobre todo, un interesante punto de partida para futuras investigaciones. Demuestra que un mecanismo molecular al que hasta ahora se había prestado poca atención podría ayudar a influir en la relajación alterada del músculo cardíaco en la IC-FEP.

No obstante, para las personas con insuficiencia cardíaca, una alimentación equilibrada sigue siendo un componente importante de un estilo de vida saludable para el corazón. Sin embargo, según los conocimientos actuales, ni un solo alimento ni una sola sustancia vegetal pueden prevenir ni tratar la insuficiencia cardíaca.

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