Artrosis: un medicamento para la epilepsia podría proteger el cartílago y aliviar el dolor articular

Investigadores de la Universidad de Yale están estudiando un nuevo enfoque terapéutico contra la artrosis. Se cree que el principio activo, la lacosamida, no solo reduce el dolor, sino que también frena la degradación del cartílago. Un hidrogel especial podría garantizar que el medicamento actúe durante más tiempo directamente en la articulación afectada.

Por qué la artrosis es más que una enfermedad degenerativa

La artrosis es una de las enfermedades articulares más frecuentes y puede limitar considerablemente la calidad de vida. El dolor, la rigidez y una limitación cada vez mayor de la movilidad dificultan la vida cotidiana de muchas personas afectadas. Los tratamientos actuales se centran principalmente en aliviar los síntomas. Sin embargo, no pueden detener de forma fiable la pérdida progresiva de cartílago. Un equipo de investigación de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, está siguiendo ahora un enfoque diferente. En un estudio publicado en la revista especializada Bioactive Materials, un grupo de científicos ha investigado el principio activo lacosamida, que ya se utiliza para el tratamiento de la epilepsia. Los resultados preclínicos apuntan a que el fármaco podría intervenir tanto en los mecanismos del dolor como en los procesos biológicos que dañan el cartílago articular. Resultó especialmente prometedora la combinación con un hidrogel especial, capaz de liberar el principio activo directamente en la articulación durante un periodo prolongado tras una inyección.

La artrosis se suele describir como una enfermedad puramente degenerativa. Sin embargo, en realidad, los procesos que tienen lugar en la articulación son mucho más complejos. En esta enfermedad, el cartílago protector que recubre los extremos de los huesos sufre un deterioro progresivo. El tejido cartilaginoso sano garantiza que los huesos puedan moverse entre sí con la menor fricción posible. Al mismo tiempo, amortigua las cargas y distribuye la presión que se ejerce sobre la articulación durante los movimientos cotidianos.

Los denominados condrocitos desempeñan un papel fundamental en la conservación del cartílago. Estas células especializadas producen componentes importantes del tejido y se encargan de que, en condiciones normales, la formación y la degradación se mantengan en equilibrio. Sin embargo, en la artrosis, esta interacción se desequilibra: el cartílago se degrada más rápido de lo que el cuerpo es capaz de renovarlo. A medida que la enfermedad avanza, el tejido pierde cada vez más su función protectora, lo que puede provocar dolor, rigidez y limitaciones en el movimiento.

En casos avanzados, el daño articular puede ser tan grave que resulte necesaria una prótesis articular. Aunque existen diversas opciones de tratamiento, entre ellas analgésicos, fisioterapia e inyecciones, estas se centran principalmente en aliviar los síntomas y mejorar la movilidad. Hasta la fecha, no existe una terapia consolidada que consista en medicamentos que frenen de forma demostrable el avance de la enfermedad y restauren el cartílago dañado. Es precisamente aquí donde entra en juego la investigación de Chuan-Ju Liu y su equipo de la Universidad de Yale. Los científicos buscan formas de intervenir de manera específica en los procesos biológicos que influyen tanto en la degradación del cartílago como en la aparición del dolor. Su objetivo no es solo tratar los síntomas, sino también proteger mejor la estructura articular a largo plazo.

Un canal de sodio se sitúa en el centro de la investigación

Los científicos se centraron en el Nav1.7, un canal de sodio dependiente del voltaje. Estos canales permiten la transmisión de señales eléctricas en las células y desempeñan un papel importante en la transmisión de los estímulos dolorosos. El Nav1.7 es conocido sobre todo por su función en las células nerviosas. Sin embargo, estudios anteriores del equipo de investigación demostraron que esta proteína también está activa en los condrocitos.

Según los investigadores, la actividad del canal de sodio aumenta en la artrosis. Esto podría tener dos consecuencias problemáticas: por un lado, puede verse afectada la procesamiento de las señales de dolor. Por otro lado, los cambios en la actividad de Nav1.7 parecen favorecer procesos en las células del cartílago que propician la degradación del tejido. Esto abre una posible vía de actuación para un tratamiento que no solo influya en la percepción del dolor, sino que también se centre en los procesos biológicos de la articulación afectada.

Se cree que la lacosamida restablece el equilibrio en el cartílago

En lugar de desarrollar un principio activo completamente nuevo, el equipo investigó sustancias ya conocidas que influyen en los canales de sodio. En este contexto, la lacosamida se reveló como un candidato prometedor.

Este principio activo ya se utiliza para el tratamiento de determinados tipos de epilepsia. En los ensayos preclínicos se demostró que, con la dosis adecuada, puede favorecer procesos importantes para la formación y el mantenimiento de la matriz cartilaginosa. Al mismo tiempo, se inhibieron los mecanismos que contribuyen a la degradación del tejido.

La concentración del fármaco resultó decisiva en este sentido. Los efectos positivos se observaron especialmente con una dosis baja y óptimamente ajustada. Las concentraciones más altas o más bajas dieron lugar a resultados menos marcados. Esto pone de manifiesto la importancia de una dosificación específica para su posible uso en la artrosis. Una mayor cantidad de principio activo no implica automáticamente un mejor efecto.

Dos proteínas de señalización podrían favorecer la reparación de los tejidos

Estudios adicionales proporcionaron indicios sobre cómo la lacosamida podría ejercer su efecto sobre el tejido cartilaginoso. El medicamento influyó en la liberación de dos proteínas de señalización: la HSP70 y la midkina.

La HSP70 pertenece a un grupo de proteínas que ayudan a las células a reaccionar ante las agresiones y a mantener su funcionalidad en situaciones de estrés. La midkina interviene en diversos procesos biológicos, entre ellos la regulación de las reacciones inflamatorias y los mecanismos de protección de los tejidos.

Según los resultados del estudio, ambas proteínas podrían contribuir a crear un entorno que favorezca la conservación del cartílago. Por lo tanto, el efecto no se limitaría exclusivamente a células individuales, sino que podría influir en varios procesos importantes para la salud del tejido articular. Será necesario realizar más investigaciones para determinar si estos mecanismos también tienen un impacto clínicamente relevante en las articulaciones humanas.

Se prevé que el hidrogel mantenga el principio activo en la articulación durante semanas

Otro reto consiste en mantener el medicamento en el lugar deseado durante el mayor tiempo posible. Cuando se toma por vía oral, la lacosamida se distribuye por todo el cuerpo. Esto hace que el principio activo pueda llegar también a tejidos que no deben tratarse.

Una inyección directamente en la articulación afectada podría mejorar el tratamiento local. Sin embargo, los líquidos que se inyectan en una articulación se eliminan con relativa rapidez a través de las vías naturales de eliminación.

Para sortear este problema, los investigadores desarrollaron un hidrogel a base de colágeno de tipo II. Este material posee propiedades que dependen de la temperatura: a baja temperatura permanece líquido y se puede inyectar; en cuanto alcanza la temperatura corporal, forma una estructura gelatinosa.

En la articulación, el material actuaría como depósito local del principio activo. Retiene la lacosamida en la zona tratada y la libera gradualmente durante un periodo prolongado. De este modo, el tratamiento podría mantener la concentración del principio activo en la articulación durante más tiempo, sin necesidad de tomar el medicamento a diario.

Las inyecciones mensuales han mostrado resultados prometedores

En los estudios preclínicos, la combinación de lacosamida e hidrogel resultó especialmente prometedora. Una inyección del gel que contiene el principio activo cada cuatro semanas previno la degradación del cartílago en los modelos estudiados de forma más eficaz que una administración oral diaria. Estos resultados sugieren que no solo el principio activo en sí, sino también su liberación selectiva y controlada en el tiempo, podría desempeñar un papel importante.

Sin embargo, los resultados de los modelos preclínicos no pueden extrapolarse sin más a las personas. Aún está por ver si el tratamiento protege realmente el cartílago en los pacientes, reduce el dolor a largo plazo y mejora la movilidad. También deben investigarse los posibles riesgos, la dosis adecuada y la tolerabilidad a largo plazo de la combinación de fármaco e hidrogel.

Un principio activo ya autorizado podría facilitar el desarrollo

El hecho de que la lacosamida ya esté autorizada como medicamento contra la epilepsia podría facilitar su desarrollo posterior. Ya se dispone de experiencia con este principio activo en su uso en seres humanos. Sin embargo, esto no significa que su eficacia y seguridad estén ya demostradas en el caso de una inyección directa en articulaciones artrósicas.

Para esta nueva aplicación, los investigadores deben demostrar primero que el enfoque terapéutico es seguro y ofrece un beneficio real para los pacientes. Para ello, se llevarán a cabo ensayos clínicos en los que se evaluarán, entre otros aspectos, el dolor, la función articular, las alteraciones del cartílago y los efectos secundarios indeseados.

Si se confirmara este enfoque, podría suponer una importante contribución al desarrollo de las denominadas terapias modificadoras de la enfermedad para la artrosis. Estas no solo tienen como objetivo aliviar los síntomas, sino también influir en la progresión de la enfermedad.

Otros enfoques de investigación para la regeneración del cartílago

Otros estudios científicos también se centran en nuevas posibilidades para proteger el cartílago articular dañado y favorecer su regeneración. Una revisión sistemática con metaanálisis, publicada en 2025 en la revista *Journal of Orthopaedic Surgery and Research*, analizó la matriz extracelular descelularizada (dECM). Se trata de un material de andamio biológico que, tras la eliminación de las células, conserva estructuras y componentes importantes del tejido original.

El análisis de diez estudios preclínicos sugiere que este tipo de materiales podrían favorecer la reparación del cartílago. Se cree que ofrecen a las células un entorno adecuado para formar tejido y estimular los procesos de regeneración. No obstante, los resultados se basan en ensayos con animales, y los estudios analizados mostraron, en algunos casos, diferencias significativas. Por lo tanto, aún debe comprobarse en ensayos clínicos si estos enfoques resultan adecuados a largo plazo como tratamiento eficaz para las personas con artrosis.

Una nueva esperanza, pero aún no supone un avance decisivo para el tratamiento

Los resultados de la investigación de Yale abren nuevas perspectivas para el tratamiento de la artrosis. El principio activo lacosamida no solo podría aliviar el dolor, sino también frenar la degradación del cartílago articular y contribuir a su conservación. En combinación con un hidrogel especial, se pretende que el medicamento permanezca más tiempo directamente en la articulación afectada y se libere allí de forma gradual.

Si este enfoque da buenos resultados, podría suponer un avance importante. Los métodos de tratamiento actuales se centran principalmente en aliviar el dolor y la rigidez. La nueva estrategia, por el contrario, tiene como objetivo influir también en los procesos biológicos responsables de la pérdida progresiva de cartílago. Al mismo tiempo, la liberación controlada del principio activo podría reducir la frecuencia necesaria de las inyecciones.

No obstante, son necesarias más investigaciones antes de que pueda aplicarse en seres humanos. Los resultados obtenidos hasta ahora proceden de estudios preclínicos. Aún debe demostrarse en ensayos clínicos si la lacosamida puede realmente reparar el daño cartilaginoso, reducir el dolor a largo plazo o retrasar las intervenciones quirúrgicas articulares. Asimismo, es necesario estudiar con mayor detalle la seguridad y la tolerancia del tratamiento en caso de uso prolongado.

Por lo tanto, los resultados constituyen un enfoque de investigación prometedor, pero aún no suponen un avance médico. No obstante, demuestran que la combinación de principios activos ya conocidos y biomateriales innovadores podría abrir nuevas vías en el tratamiento de la artrosis. Será decisivo comprobar si los efectos observados pueden confirmarse en el futuro también en pacientes.

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