Pérdida de masa muscular en la vejez: una nueva investigación revela cómo se puede proteger la regeneración muscular natural

A medida que avanzamos en edad, la musculatura sufre cambios. A menudo, la masa muscular disminuye, el rendimiento físico se reduce y también puede empeorar la capacidad del cuerpo para reparar el tejido muscular dañado. Lo que en un principio parece una parte habitual del proceso de envejecimiento tiene consecuencias de gran alcance para la salud: la fuerza, la movilidad y la autonomía pueden verse afectadas.

Científicos japoneses han estudiado ahora un mecanismo al que hasta ahora se había prestado poca atención y que podría desempeñar un papel importante en la regeneración de la musculatura. El estudio se centra en una proteína endógena cuya función puede verse afectada por determinados cambios químicos. En los ensayos, un compuesto que contiene azufre mostró propiedades sorprendentes y logró mejorar notablemente la capacidad de unión de esta proteína. A largo plazo, los resultados podrían abrir nuevas perspectivas para la investigación de los cambios musculares relacionados con la edad. Sin embargo, por el momento se trata de investigación básica. Solo estudios adicionales podrán determinar si realmente se pueden desarrollar nuevas opciones de tratamiento para las personas mayores a partir de estos hallazgos.

Por qué los músculos pierden su capacidad de reparación con la edad

Nuestra musculatura es un tejido extremadamente adaptable. Cada día se encarga de que podamos caminar, estar de pie, agarrar objetos, transportarlos y realizar numerosos movimientos más. Incluso durante las actividades cotidianas se producen pequeños daños por esfuerzo en las fibras musculares, que el cuerpo suele poder compensar por sí mismo. Para ello, el organismo cuenta con un sofisticado sistema de reparación. Las denominadas «células satélite» desempeñan un papel fundamental. Estas células madre especiales se encuentran justo junto a las fibras musculares y, normalmente, permanecen en un estado prácticamente inactivo.

Si el tejido muscular sufre daños o se ve sometido a un esfuerzo físico considerable, estas células pueden activarse. Comienzan a dividirse y se convierten en células musculares que participan en la reparación y renovación de las fibras musculares. Este proceso es decisivo para el mantenimiento a largo plazo de la salud muscular. Sin embargo, la actividad de las células satélite cambia a lo largo de la vida. En las personas mayores, su activación puede ser menos eficaz. Esto hace que al cuerpo le resulte más difícil renovar las fibras musculares dañadas y mantener la estructura muscular existente. Por ello, la ciencia se dedica intensamente a investigar qué señales biológicas determinan si las células madre musculares se activan de forma adecuada.

Una proteína importante da el pistoletazo de salida a la reparación muscular

En este proceso desempeña un papel decisivo el denominado factor de crecimiento hepatocitario, o HGF. Esta proteína interviene en diversos procesos biológicos y reviste una importancia especial para la regeneración de la musculatura esquelética. El HGF puede unirse a un receptor específico denominado c-Met. Esta unión desencadena una cadena de señales dentro de la célula que, entre otras cosas, influye en la activación y el comportamiento de las células madre musculares.

En términos sencillos, el HGF funciona como un mensajero biológico que indica a las células musculares que es necesario iniciar procesos de reparación. Sin embargo, para que esta comunicación funcione, la proteína debe tener una estructura espacial determinada. Solo si sus zonas de unión están correctamente formadas, puede interactuar de manera suficientemente eficaz con el receptor adecuado. Es precisamente en este punto donde se centra la investigación japonesa.

Las modificaciones químicas podrían afectar al efecto del HGF

El equipo de investigación de la Universidad de Kyushu, en Japón, estudió cómo determinadas modificaciones químicas influyen en la funcionalidad de la proteína HGF. Los científicos prestaron especial atención a un proceso denominado «nitración de proteínas». En él, determinados restos de aminoácidos dentro de una proteína sufren modificaciones químicas. Una modificación de este tipo puede influir en las propiedades de una proteína y, en determinadas circunstancias, hacer que ya no pueda cumplir de forma óptima su función biológica original. En relación con el HGF, los investigadores identificaron dos puntos especialmente importantes en los que este tipo de alteración puede resultar problemática. Si estas zonas se nitrifican, puede verse afectada la capacidad de la proteína para unirse al receptor c-Met. Esto podría dificultar también la transmisión de aquellas señales necesarias para la activación de las células madre musculares. Esta observación resulta interesante desde el punto de vista científico, ya que pone de relieve un mecanismo adicional del envejecimiento muscular.

Hasta ahora, en la investigación sobre los cambios musculares relacionados con la edad se solía analizar si el cuerpo producía menos factores regenerativos o si las propias células madre perdían capacidad funcional. El nuevo estudio sugiere que la modificación química de las proteínas de señalización existentes también podría desempeñar un papel. Por lo tanto, no se trata únicamente de la cantidad de HGF presente en el tejido muscular, sino también de la capacidad real de la proteína para cumplir su función.

La posibilidad de que este mecanismo esté realmente relacionado con los cambios musculares asociados a la edad ya se había analizado en un trabajo de investigación anterior, del año 2023. En él, los científicos también estudiaron la denominada nitrilación de la proteína HGF y sus efectos sobre su función biológica. Sus resultados apuntaban a que esta modificación química puede afectar a la capacidad del HGF para unirse al receptor c-Met. De este modo, se investigó más a fondo una posible relación entre la modificación química de la proteína reparadora y una disminución de la regeneración muscular con la edad.

Se están estudiando con mayor detalle dos compuestos que contienen azufre

En la siguiente fase, los científicos buscaron formas de limitar la alteración indeseada de la proteína HGF. Para ello, estudiaron dos sustancias que contienen azufre: el trisulfuro de glutatión (GSSSG) y el trisulfuro de ácido lipóico (LASSS). Ambos compuestos pertenecen a un grupo de sustancias químicas que, debido a su estructura sulfurada particular, resultan interesantes para diversas reacciones biológicas. Pueden estar relacionados con procesos oxidativos y otros procesos químicos que influyen en las propiedades de las proteínas.

En los ensayos de laboratorio se observó que ambas sustancias podían reducir la nitración de la proteína HGF. Esto constituyó un primer indicio importante de que, posiblemente, se pudiera influir en la estabilidad química de la proteína. Sin embargo, las investigaciones posteriores pusieron de manifiesto una diferencia decisiva entre ambos compuestos. Si bien ambas sustancias ofrecían cierta protección frente a la alteración química indeseada, solo el trisulfuro de ácido lipóico logró una mejora especialmente notable en la unión al receptor. Por ello, los investigadores sospecharon que el LASSS no actúa exclusivamente como sustancia protectora, sino que, además, podría influir directamente en las propiedades de la proteína HGF.

Ya en 2024 se exploró otro enfoque de investigación en un estudio. En él, un equipo de científicos se centró en la cuestión de si la nitración indeseada de la proteína HGF podía prevenirse o limitarse mediante anticuerpos específicos. Las investigaciones señalaron una posible vía para proteger a esta importante proteína reparadora frente a una pérdida de función. Mientras que este enfoque se centraba en los anticuerpos, el trabajo de investigación actual ha estudiado el efecto de los compuestos que contienen azufre. Ambas líneas de investigación persiguen, por tanto, un objetivo similar: mantener la función biológica del HGF durante el mayor tiempo posible y aprovechar mejor su importancia para la regeneración muscular.

«Super HGF»: cuando una proteína se une mejor a su receptor

En el trabajo de investigación actual, del año 2026, los análisis de laboratorio posteriores revelaron un resultado especialmente notable: tras el tratamiento con trisulfuro de ácido lipóico, el HGF se unía al receptor c-Met con una fuerza más del doble que la variante de control. Los científicos denominaron a esta forma mejorada de la proteína «Super HGF». Detrás de esta denominación se esconde un cambio en las propiedades moleculares. Al parecer, el LASSS influye en la estructura espacial del HGF de tal manera que mejora la interacción con el receptor.

Las proteínas no son estructuras rígidas. Su función depende de manera decisiva de cómo se disponen sus componentes individuales en el espacio tridimensional. Incluso cambios estructurales relativamente pequeños pueden determinar si una proteína interactúa especialmente bien, menos bien o ya no interactúa en absoluto con otra molécula. En el presente caso, el tratamiento con LASSS parece favorecer una configuración que permite una unión más fuerte al c-Met.

Esto podría ser relevante para la regeneración muscular, ya que el HGF puede transmitir señales importantes a las células musculares a través de este receptor. Sin embargo, una unión más fuerte al receptor no implica automáticamente que la regeneración muscular en su conjunto mejore en consecuencia. Para determinar si esto se traduce realmente en ventajas funcionales, y en qué medida, será necesario realizar más estudios biológicos.

Por qué no todos los compuestos que contienen azufre actúan de la misma manera

Otro aspecto interesante del estudio es la diferencia entre las dos sustancias analizadas. Tanto el trisulfuro de glutatión como el trisulfuro de ácido lipoico lograron reducir la nitración indeseada. Sin embargo, solo el LASSS provocó una mejora especialmente notable de la capacidad de unión del HGF. Esto sugiere que el efecto no se debe únicamente a las propiedades antioxidantes de las sustancias. Más bien, el trisulfuro de ácido lipóico podría establecer una interacción adicional con la proteína que altere su estructura y, por lo tanto, sus propiedades de unión.

Esta distinción es importante: una sustancia puede proteger a una proteína de determinados daños sin mejorar al mismo tiempo su función original. Sin embargo, en el caso del LASSS, parece que ambas cosas se dan al mismo tiempo. De ello se deriva una cuestión interesante para futuras investigaciones: ¿es posible influir de forma selectiva en determinadas proteínas de señalización endógenas para que puedan cumplir mejor su función incluso en condiciones biológicas desfavorables?

Los estudios realizados con ratones aportan más indicios

Tras los primeros resultados obtenidos en el laboratorio, los científicos quisieron comprobar si los efectos observados también podían demostrarse en tejido vivo. Para ello, llevaron a cabo estudios con ratones. Mediante una suspensión temporal de la zona de la cola, se redujo la carga mecánica normal de la musculatura. Este procedimiento experimental se utiliza en investigación para estudiar los cambios que pueden producirse tras un periodo prolongado de inactividad física. Los resultados mostraron que el tratamiento con LASSS se asoció a una menor nitración de la proteína HGF en el tejido muscular.

De este modo, los científicos pudieron confirmar una parte importante de sus observaciones previas también en condiciones biológicas. Los resultados indican que el trisulfuro de ácido lipóico no solo puede interactuar con el HGF en un entorno de laboratorio controlado, sino que posiblemente también influye en sus propiedades químicas en el organismo vivo. No obstante, hay que hacer una salvedad importante: el análisis de los cambios proteicos no equivale a la demostración de una mayor fuerza muscular o de un mayor volumen muscular. Los resultados apuntan a un posible mecanismo de protección a nivel molecular. Si esto se traduce realmente en un mejor rendimiento físico o en una regeneración muscular más rápida es otra cuestión que aún debe investigarse.

Qué podrían significar estos resultados para la investigación sobre el envejecimiento

La pérdida de masa muscular y de fuerza muscular es uno de los principales retos sanitarios de una sociedad que envejece. En este contexto, la denominada «sarcopenia» reviste especial relevancia. Este término se refiere a una pérdida progresiva de masa muscular y de fuerza muscular que puede producirse sobre todo en la tercera edad. Las consecuencias pueden ser considerables. Las personas afectadas suelen tener mayores dificultades para caminar, levantarse o subir escaleras. También puede aumentar el riesgo de caídas y de limitaciones físicas. Las causas son complejas. Además de los cambios en el equilibrio hormonal, la menor actividad física y una alteración en el metabolismo de las proteínas, también influyen los procesos inflamatorios y los cambios en las células madre musculares.

El nuevo estudio japonés añade a este panorama otro posible factor: la alteración química de las proteínas que son importantes para la regeneración muscular. Si este mecanismo se confirmara en futuros estudios, podría proporcionar a largo plazo nuevas vías para el desarrollo de terapias regenerativas. Sería concebible, por ejemplo, estabilizar de forma selectiva determinadas proteínas de señalización o mejorar su interacción con los receptores correspondientes. Esto resultaría especialmente útil para las personas cuya regeneración muscular se ve afectada por la edad o por períodos prolongados de inactividad física.

Aún no existe ningún tratamiento contra la atrofia muscular

A pesar de los resultados prometedores, por el momento es demasiado pronto para considerar el trisulfuro de ácido lipóico como un remedio contra la pérdida muscular relacionada con la edad. Los estudios descritos hasta ahora aportan, sobre todo, conocimientos sobre los procesos moleculares. Aún no demuestran que un tratamiento con LASSS en personas conserve la masa muscular, aumente la fuerza muscular o prevenga las limitaciones de movimiento relacionadas con la edad.

Para ello son necesarios más estudios. En primer lugar, hay que aclarar con mayor precisión cómo actúa la sustancia en el organismo, qué dosis podrían ser seguras y eficaces, y si los cambios observados conducen realmente a una mejor regeneración muscular. También deben investigarse los posibles efectos secundarios y las repercusiones a largo plazo antes de que pueda plantearse su uso médico. Por lo tanto, de estos resultados no se puede deducir que se pueda tomar o aplicar por cuenta propia la sustancia estudiada.

Una nueva perspectiva sobre el envejecimiento biológico de la musculatura

El estudio japonés demuestra que la capacidad de regeneración de nuestros músculos depende de numerosos factores interrelacionados. Además del número y la actividad de las células madre musculares, también podría ser decisivo que las proteínas de señalización importantes puedan cumplir de forma fiable su función biológica. Reviste especial importancia la observación de que el trisulfuro de ácido lipóico logró dos efectos a la vez : redujo la alteración química indeseada del HGF y, al mismo tiempo, mejoró su unión al receptor c-Met.

De este modo, este trabajo abre una nueva vía de investigación: en lugar de centrarse exclusivamente en las propias células musculares, en el futuro también podrían estudiarse las señales moleculares que controlan su regeneración. Queda por ver si este descubrimiento dará lugar algún día a nuevas opciones de tratamiento contra la pérdida muscular relacionada con la edad. No obstante, los resultados ofrecen un indicio interesante de que los mecanismos naturales de reparación de la musculatura podrían influirse de forma más específica de lo que se había supuesto hasta ahora.

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