Un nuevo estudio a largo plazo a gran escala apunta a que dos problemas de salud muy comunes en la tercera edad podrían resultar especialmente perjudiciales cuando se dan juntos: la obesidad abdominal, es decir, el exceso de grasa en el abdomen, y la deficiencia de vitamina D. Para ello, investigadores de Brasil y el Reino Unido analizaron los datos de 5.520 personas de al menos 50 años de edad. Se realizó un seguimiento de los participantes durante un periodo de seis años.
El resultado es llamativo: las personas que presentaban tanto un nivel elevado de grasa abdominal como una deficiencia grave de vitamina D tenían un riesgo de mortalidad un 123 % mayor que las personas sin obesidad abdominal y con unos niveles adecuados de vitamina D. El estudio se publicó en la revista especializada *Diabetes, Obesity and Metabolism *. Se llevó a cabo con la participación de la Universidad Federal de São Carlos, en Brasil, y del University College London, y se basa en datos del Estudio Longitudinal Inglés sobre el Envejecimiento (ELSA).
El riesgo aumenta especialmente cuando se dan ambos factores
No obstante, hay que tener en cuenta una limitación importante: el estudio muestra una relación estadística, pero no demuestra que la grasa abdominal y la deficiencia de vitamina D causen directamente las muertes. Sin embargo, desde el punto de vista de los investigadores, la combinación es relevante porque ambos factores están relacionados con diversos problemas de salud.

Para analizar la relación con mayor precisión, los investigadores clasificaron a los participantes en función de dos características: el perímetro de la cintura y los niveles de vitamina D en sangre. En el estudio, se definió la obesidad abdominal como una circunferencia de la cintura superior a 102 centímetros en los hombres y superior a 88 centímetros en las mujeres. En cuanto a la vitamina D, se utilizó el nivel en sangre de la denominada 25-hidroxivitamina D [25(OH)D]. Se consideró que un valor de al menos 50 nmol/L era suficiente, de 30 a 50 nmol/L, insuficiente, y menos de 30 nmol/L, una carencia. A continuación, se dividió a los participantes en diferentes grupos. Como grupo de control se utilizaron personas sin obesidad abdominal y con unos niveles adecuados de vitamina D.
Las diferencias fueron claras:
- Las personas sin obesidad abdominal, pero con un aporte insuficiente de vitamina D, presentaban un riesgo de mortalidad un 91 % mayor.
- En el caso de las personas sin obesidad abdominal, pero con deficiencia de vitamina D, el riesgo era un 81 % mayor.
- Las personas con obesidad abdominal y niveles adecuados de vitamina D presentaban un riesgo un 47 % mayor.
- En el caso de quienes presentaban grasa abdominal y, al mismo tiempo, un aporte insuficiente de vitamina D, el aumento fue del 50 %.
- El riesgo más elevado se observó en personas con obesidad abdominal y una deficiencia grave de vitamina D. En este caso, la denominada «razón de riesgo» (hazard ratio) fue de 2,23, lo que supone un riesgo de mortalidad un 123 % mayor en comparación con el grupo de control.
Durante el periodo de seguimiento de seis años, fallecieron un total de 419 de los 5.520 participantes, es decir, aproximadamente el 7,6 %.
¿Qué significa un riesgo un 123 % mayor?
La expresión «un riesgo de mortalidad un 123 % mayor»no significa que, necesariamente, hayan fallecido más del doble de personas. Se trata de un indicador estadístico de riesgo; más concretamente, de una razón de riesgo (hazard ratio). La razón de riesgo de 2,23 significa, en términos sencillos, que la tasa de mortalidad del grupo con grasa abdominal y deficiencia de vitamina D durante el periodo de estudio fue, estadísticamente, aproximadamente 2,23 veces mayor que la del grupo de control.
Esta es una diferencia importante. Del estudio no se puede deducir que una persona concreta con grasa abdominal y deficiencia de vitamina D tenga automáticamente un riesgo personal dos veces mayor. La edad, las enfermedades previas, el estilo de vida y muchos otros factores influyen en la esperanza de vida individual.
¿Por qué la grasa abdominal es más problemática que un simple exceso de peso corporal?
No toda la grasa corporal tiene el mismo impacto en la salud. Es especialmente relevante la grasa que se acumula en la cavidad abdominal. Esta grasa, denominada «visceral», se encuentra en parte alrededor de los órganos internos y se diferencia biológicamente del tejido adiposo de, por ejemplo, los brazos o las piernas. Es metabólicamente activa y puede estar relacionada con procesos inflamatorios y alteraciones del metabolismo.
Por lo tanto, un perímetro de cintura mayor puede ser un indicio de una mayor carga metabólica. La obesidad abdominal se asocia, entre otras cosas, con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas. Además, con la edad, cambia la distribución de la grasa corporal. Los hombres tienden con mayor frecuencia a acumular más grasa en la zona abdominal. En las mujeres, tras la menopausia, la distribución de la grasa también puede desplazarse en mayor medida hacia la región abdominal. Por este motivo, la circunferencia de la cintura puede aportar información adicional que la mera observación del peso corporal o del índice de masa corporal no refleja por completo.
La vitamina D es más que una «vitamina para los huesos»
La vitamina D se asocia a menudo, sobre todo, con la salud ósea. De hecho, el metabolismo de la vitamina D interviene en numerosos procesos biológicos o influye en ellos. Entre otras cosas, la vitamina D desempeña un papel en la regulación del equilibrio del calcio y el fosfato y, por lo tanto, es importante para los huesos y los músculos. Además, la vitamina D tiene funciones importantes en el sistema inmunitario y está relacionada con diversos procesos metabólicos.

Con la edad, la capacidad de la piel para producir vitamina D bajo la luz solar puede disminuir. Al mismo tiempo, las personas mayores suelen pasar menos tiempo al aire libre. Esto puede aumentar el riesgo de presentar niveles bajos de vitamina D.
Las personas con obesidad también pueden presentar con mayor frecuencia niveles bajos de 25(OH)D. Un estudio anterior del mismo grupo de investigación, basado en datos del estudio ELSA, ya había demostrado que la obesidad abdominal se asociaba a un mayor riesgo de desarrollar, con el tiempo, una insuficiencia o una deficiencia de vitamina D.
La grasa abdominal y la vitamina D podrían influirse mutuamente
Una posible explicación de esta relación radica en que la vitamina D es liposoluble. En las personas con un alto porcentaje de grasa corporal, la vitamina D puede distribuirse en mayor medida en el tejido adiposo. Esto puede hacer que la concentración de vitamina D circulante en la sangre sea más baja.
De hecho, el análisis anterior del estudio ELSA reveló una relación entre la obesidad abdominal y la aparición posterior de niveles bajos de 25(OH)D. Las personas con obesidad abdominal presentaban un mayor riesgo de desarrollar una insuficiencia o una deficiencia de vitamina D durante los cuatro años de seguimiento.
Sin embargo, la relación biológica es más compleja. Sería demasiado simplista afirmar que la grasa abdominal simplemente «secuestra» la vitamina D. Las diferencias en la alimentación, la actividad física, la exposición al sol, el metabolismo, las enfermedades crónicas y otros factores también pueden influir tanto en los niveles de vitamina D como en el peso corporal.
La inflamación crónica podría desempeñar un papel importante
Otra posible relación tiene que ver con los procesos inflamatorios. La grasa abdominal puede estar asociada a una actividad inflamatoria crónica de bajo grado. Al mismo tiempo, el sistema inmunitario sufre cambios a lo largo de la vida. Los científicos suelen hablar en este contexto de «inflamenvejecimiento», es decir, un aumento leve y prolongado de los procesos inflamatorios con la edad.
La vitamina D, por su parte, interviene en la regulación del sistema inmunitario. Por ello, cabe suponer que unos niveles bajos de vitamina D y una cantidad elevada de grasa visceral podrían crear conjuntamente un entorno biológico desfavorable. Esta combinación podría afectar simultáneamente a diversos sistemas, como el metabolismo, el sistema cardiovascular y el rendimiento físico.
Sin embargo, es importante señalar que el estudio actual no ha investigado directamente estos mecanismos biológicos. Muestra, sobre todo, la relación entre los dos factores iniciales y la mortalidad posterior. Por lo tanto, la causa exacta del valor especialmente elevado en el grupo combinado debe aclararse mediante investigaciones adicionales.
Por qué este tema es interesante para las personas a partir de los 50 años
El riesgo de padecer varias enfermedades crónicas aumenta con la edad. Al mismo tiempo, el cuerpo pierde masa y fuerza muscular, el gasto energético puede disminuir y la actividad física se reduce en muchas personas. Esto puede dar lugar a un círculo vicioso: la falta de ejercicio favorece el aumento de la grasa abdominal. Al mismo tiempo, una menor capacidad física puede hacer que las actividades cotidianas resulten más difíciles.
La deficiencia de vitamina D también puede ser relevante en la tercera edad. Estudios anteriores del grupo de investigación se han centrado, entre otras cosas, en la relación entre los niveles de vitamina D, la fuerza muscular y la función física. El nuevo estudio añade un aspecto más a este campo de investigación: no solo podría ser importante el nivel concreto de vitamina D o el peso corporal, sino también, posiblemente, la combinación de diversos factores de riesgo.

Los investigadores llevan años estudiando la relación entre la vitamina D, el rendimiento físico y la salud en la vejez. Simplificando, un posible efecto en cascada sería el siguiente: una deficiencia de vitamina D puede estar relacionada con un peor estado de salud muscular y un menor rendimiento físico. A su vez, una menor fuerza puede afectar a la velocidad al caminar y a la movilidad. Si, como consecuencia, las personas se mueven menos, esto puede favorecer, a largo plazo, la aparición de otros problemas de salud.
Esto no significa que la deficiencia de vitamina D por sí sola provoque tal evolución. Más bien pueden concurrir varios factores: la edad, las enfermedades, la falta de actividad física, la alimentación, la masa muscular, el peso corporal y los niveles de vitamina D se influyen mutuamente.
El estudio también tiene sus limitaciones
El estudio fue de carácter observacional. Es decir, los investigadores observaron qué características presentaban determinados participantes y cómo evolucionaba posteriormente su mortalidad. No llevaron a cabo ningún experimento en el que se administrara vitamina D de forma específica a las personas o se redujera la grasa abdominal. Por ello, de los resultados no se puede deducir automáticamente que un aumento de los niveles de vitamina D reduciría el riesgo de mortalidad en un porcentaje concreto.
Además, la grasa abdominal se midió en función del perímetro de la cintura. Métodos más precisos, como la tomografía computarizada o las mediciones DXA, pueden determinar con mayor exactitud la composición corporal y la distribución del tejido adiposo. Sin embargo, estos métodos resultan mucho más complejos y costosos para estudios poblacionales a gran escala. A esto se suma que las personas con deficiencia de vitamina D y obesidad abdominal podrían presentar otras diferencias en materia de salud. Aunque en los análisis estadísticos se tuvieron en cuenta numerosos factores sociodemográficos, conductuales y clínicos, los estudios observacionales nunca pueden descartar por completo todos los factores que influyen.
No obstante, los resultados constituyen, sobre todo, un indicio más de que el perímetro de la cintura, la actividad física, la alimentación y un aporte suficiente de vitamina D merecen especial atención en la tercera edad. Quienes tengan un exceso notable de grasa abdominal no deberían centrarse exclusivamente en el peso corporal. El perímetro de la cintura también puede servir como una referencia adicional útil.
En cuanto a la vitamina D, hay que tener en cuenta lo siguiente: un nivel bajo en sangre no debe tratarse sin más con suplementos alimenticios de alta dosis. La conveniencia de realizar un análisis de los niveles de vitamina D y la necesidad de tomar suplementos dependen de la situación individual. Siguen siendo especialmente importantes las medidas que pueden influir simultáneamente en varios factores de riesgo: ejercicio físico regular, entrenamiento muscular, una alimentación equilibrada, sueño suficiente y —en la medida en que la salud lo permita— evitar un mayor aumento de la grasa abdominal.
No hay motivo para alarmarse, pero sí es una indicación importante
El estudio no afirma que todas las personas mayores de 50 años con grasa abdominal y niveles bajos de vitamina D vayan a fallecer inevitablemente de forma prematura. Más bien muestra que, en un amplio grupo de personas mayores, la combinación de ambos factores se asoció estadísticamente de forma especialmente marcada con la mortalidad. Los investigadores ven en ello un posible punto de partida para la detección y el tratamiento precoz de los factores de riesgo.
Lo más interesante es que la obesidad abdominal y la deficiencia de vitamina D podrían no presentarse de forma totalmente independiente entre sí. Un estudio anterior de los datos de ELSA ya había demostrado que las personas con obesidad abdominal tenían un mayor riesgo de desarrollar niveles bajos de vitamina D.
El nuevo estudio va ahora un paso más allá y demuestra que, precisamente, la presencia conjunta de grasa abdominal y una deficiencia pronunciada de vitamina D se asoció con el mayor riesgo de mortalidad observado. Los resultados subrayan un principio importante de la prevención sanitaria: no siempre es decisivo un único factor de riesgo. A menudo, es la interacción de varios factores de riesgo lo que influye de manera especialmente significativa en la salud.
Por ello, para las personas a partir de los 50 años, puede ser conveniente controlar, además de la tensión arterial, la glucemia y el colesterol, el perímetro de la cintura y —si está médicamente indicado— los niveles de vitamina D. Al mismo tiempo, el estudio no debe interpretarse como una invitación a tomar por cuenta propia suplementos de vitamina D en dosis elevadas. Es fundamental una evaluación médica individualizada. En definitiva, los resultados constituyen una indicación más de que la prevención en la tercera edad debe comenzar lo antes posible, especialmente en lo que respecta a los factores que pueden modificarse mediante el ejercicio físico, la alimentación, el control del peso y una atención médica específica.


