El dolor de espalda es uno de los problemas de salud más comunes en todo el mundo; afecta a personas de todas las edades y supone una carga considerable para los sistemas sanitarios. El dolor lumbar, en particular, está muy extendido. Para muchos pacientes, el dolor se vuelve crónico e interfiere en el trabajo, el sueño y la vida cotidiana. En la mayoría de los casos, sin embargo, los médicos son incapaces de identificar una causa estructural clara, lo que dificulta un tratamiento eficaz a largo plazo. La investigación sugiere que una hormona ósea ampliamente utilizada podría ayudar a aliviar el dolor de espalda crónico de formas inesperadas. En lugar de limitarse a fortalecer los huesos, parece impedir que los nervios sensibles al dolor crezcan en las zonas dañadas de la columna vertebral. En modelos animales, esto condujo a un fortalecimiento del tejido espinal y a una menor sensibilidad al dolor. Los resultados apuntan a un futuro método de tratamiento que combata el dolor de espalda en su causa biológica.
Un nuevo estudio publicado en el volumen 14 de la revista Bone Research muestra que un tratamiento basado en hormonas podría ayudar a aliviar el dolor de espalda crónico reduciendo el crecimiento anormal de nervios en el tejido espinal dañado. La investigación ha sido dirigida por la Dra. Janet L. Crane, del Centro de Investigación Musculoesquelética del Departamento de Cirugía Ortopédica de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos). Los resultados ofrecen nuevas perspectivas sobre cómo las células óseas pueden influir en la señalización del dolor en la columna vertebral en degeneración. «Cuando la columna se degenera, los nervios sensibles al dolor crecen en zonas donde normalmente no se encuentran. Nuestros resultados demuestran que la hormona paratiroidea puede invertir este proceso activando señales naturales que hacen retroceder estos nervios», afirma el Dr. Crane.
Cómo se trata el dolor de espalda
Hoy en día se dispone de toda una gama de enfoques terapéuticos para el dolor de espalda, sobre todo para la lumbalgia común. La terapia adecuada depende en gran medida de la causa, la duración (aguda frente a crónica) y la gravedad de los síntomas. En la práctica, a menudo se combinan varios métodos. Uno de los pilares más importantes es el ejercicio y la fisioterapia. Los ejercicios específicos fortalecen la musculatura de la espalda, mejoran la movilidad y estabilizan la columna vertebral. También suelen emplearse métodos como la terapia manual o el entrenamiento de la espalda para corregir las malas posturas y facilitar la vida cotidiana de la espalda.

Además, a menudo se utilizan medicamentos, sobre todo para aliviar el dolor. Entre ellos figuran los analgésicos clásicos, como el ibuprofeno o el paracetamol. Para los síntomas más graves, también pueden recetarse a corto plazo relajantes musculares o, en determinados casos, analgésicos más potentes. El objetivo principal es mantener la movilidad, ya que el alivio postural suele agravar los síntomas. Otro campo importante son los procedimientos mínimamente invasivos. Estos incluyen inyecciones en las que se inyectan medicamentos antiinflamatorios directamente en la zona dolorida, por ejemplo en las raíces nerviosas o en las articulaciones facetarias de la columna vertebral. Estos procedimientos pueden ser especialmente útiles en casos de dolor inflamatorio o relacionado con los nervios.
Si las medidas conservadoras no son suficientes y existe una causa estructural clara -como una hernia discal o un estrechamiento pronunciado del canal espinal-, también puede plantearse la cirugía. El objetivo es aliviar la presión sobre los nervios o devolver la estabilidad a la columna vertebral. Sin embargo, la cirugía sólo suele practicarse una vez agotadas otras terapias. Además de estos enfoques físicos, el componente psicosocial también desempeña un papel importante, especialmente en el caso del dolor crónico. Métodos como la terapia cognitivo-conductual ayudan a mejorar la forma de afrontar el dolor y a romper los llamados ciclos del dolor. Enfoques más recientes y experimentales -como el tratamiento con hormona paratiroidea- pretenden intervenir más profundamente en las causas biológicas.
La hormona paratiroidea y sus efectos
La hormona paratiroidea (PTH) es producida de forma natural por las glándulas paratiroides y desempeña un papel clave en la regulación de los niveles de calcio y la remodelación ósea. Su función principal es regular con precisión el nivel de calcio en la sangre, ya que el calcio es esencial para muchas funciones corporales básicas, como la contracción muscular, la transmisión de señales entre las células nerviosas y la estabilidad ósea.
Cuando desciende el nivel de calcio en la sangre, se libera la hormona paratiroidea. Actúa entonces en varios órganos simultáneamente: en los huesos, estimula la descomposición de la sustancia ósea, liberando calcio. En los riñones, hace que se pierda menos calcio por la orina y, al mismo tiempo, que se excrete más fosfato. La PTH también estimula indirectamente la formación de vitamina D activa, que aumenta la absorción del calcio de los alimentos en el intestino. Esta interacción coordinada hace que el nivel de calcio en la sangre vuelva a ser normal.

Curiosamente, la hormona paratiroidea tiene diferentes efectos sobre los huesos dependiendo de cómo se libere. Mientras que un nivel permanentemente elevado de PTH -por ejemplo, en determinadas enfermedades- puede provocar debilidad ósea, una administración controlada y a corto plazo de PTH sintética tiene exactamente el efecto contrario: favorece la formación de hueso. Ya se utilizan versiones sintéticas de la PTH para tratar la osteoporosis. Investigaciones anteriores sugerían que estos tratamientos también podían aliviar el dolor óseo, pero aún no se conocía bien el mecanismo biológico subyacente.
Para investigarlo más a fondo, el equipo de investigadores utilizó tres modelos de ratón que imitan causas comunes de degeneración de la columna vertebral: envejecimiento natural, inestabilidad mecánica inducida quirúrgicamente y susceptibilidad genética. Estos modelos permitieron a los científicos estudiar cómo afecta la degeneración tanto a la estructura ósea como al crecimiento nervioso. Los ratones recibieron inyecciones diarias de PTH durante un periodo de dos semanas a dos meses, mientras que los animales de control recibieron soluciones inactivas. A continuación, los investigadores analizaron el tejido medular mediante imágenes de alta resolución y midieron las reacciones a la presión, el calor y el movimiento.
Mejora de la estructura de la columna vertebral y reducción de la sensibilidad al dolor
Tras uno o dos meses de tratamiento, los ratones tratados con PTH mostraron mejoras significativas en sus placas vertebrales, las finas capas que separan los discos intervertebrales de las vértebras. Estas estructuras se volvieron más densas y estables. Al mismo tiempo, los ratones tratados mostraron una menor sensibilidad al dolor, toleraron mejor la presión, reaccionaron más lentamente al calor y mostraron una mayor actividad en comparación con los animales no tratados.
Los investigadores también examinaron las fibras nerviosas de la columna vertebral. En los tejidos dañados, los nervios sensibles al dolor suelen extenderse a zonas donde normalmente no se encuentran, lo que intensifica las molestias. El estudio descubrió que el tratamiento con PTH reducía significativamente estas fibras nerviosas anómalas mediante marcadores como PGP9.5 y CGRP. Otros análisis revelaron el mecanismo subyacente. La PTH estimulaba a los osteoblastos, las células responsables de la formación ósea, para que produjeran una proteína llamada Slit3. En términos sencillos, Slit3 puede considerarse una señal de orientación biológica: Indica a las fibras nerviosas en crecimiento dónde crecer y dónde no. Esta proteína actúa como una señal de orientación que ahuyenta las fibras nerviosas en crecimiento e impide que penetren en zonas sensibles de la columna vertebral.
Las pruebas de laboratorio han confirmado que Slit3 inhibe directamente el crecimiento de los nervios. Cuando las células nerviosas se exponían a Slit3, sus brotes se hacían más cortos y menos invasivos. En cambio, cuando los investigadores eliminaron Slit3 de los osteoblastos de ratón, la PTH dejó de reducir el crecimiento nervioso y no mejoró las respuestas al dolor. El equipo también identificó una proteína reguladora llamada FoxA2 que ayuda a desencadenar la producción de Slit3 en respuesta a la PTH, lo que permite comprender mejor cómo influyen las señales hormonales en el comportamiento de los nervios.
Lo que esto significa para los futuros tratamientos del dolor de espalda
Aunque estos resultados proceden de estudios con animales, pueden ayudar a explicar por qué algunos pacientes que reciben tratamientos basados en la PTH para la osteoporosis experimentan una reducción del dolor de espalda. Los investigadores señalan que se necesitan más estudios en humanos antes de que este enfoque pueda aplicarse clínicamente. «Nuestro estudio sugiere que el tratamiento con PTH del dolor lumbar en la degeneración espinal puede reducir la inervación anormal, lo que prepara el terreno para futuros ensayos clínicos que investiguen la eficacia de la PTH como tratamiento modificador de la enfermedad y analgésico de la degeneración espinal», afirma el Dr. Crane.

Si la PTH -mediada a través de los osteoblastos y la proteína Slit3- inhibe precisamente este crecimiento incontrolado de los nervios, la terapia no sólo aliviaría los síntomas, sino que abordaría directamente una de las causas. Esto hace que el enfoque sea especialmente prometedor: combina la regeneración estructural (placas vertebrales más estables, mejor calidad ósea) con una «reorganización» biológica de las vías de conducción del dolor. En la práctica, esto podría significar que los pacientes no sólo sientan menos dolor, sino que también sean menos propensos a sufrir cursos crónicos a largo plazo.
La PTH actúa de forma diferente según cómo se administre: las dosis controladas a corto plazo favorecen la formación de hueso, mientras que los niveles permanentemente elevados pueden ser incluso perjudiciales. Para su uso en el dolor de espalda, sin embargo, aún habría que definir con precisión con qué frecuencia y en qué dosis se administra la hormona para conseguir el efecto deseado en huesos y nervios sin arriesgarse a sufrir efectos secundarios. También está la cuestión de qué grupos de pacientes se beneficiarían más. Lo más probable es que se beneficien las personas con una degeneración claramente demostrable de la columna vertebral, como desgaste de los discos o cambios en las placas terminales vertebrales. El enfoque podría ser menos adecuado para el dolor de espalda inespecífico sin causa estructural reconocible. Otro aspecto apasionante es la identificación del factor regulador FoxA2. Esta proteína media el efecto de la PTH en la producción de Slit3. A largo plazo, esto podría conducir a terapias aún más específicas, por ejemplo interviniendo directamente en esta vía de señalización sin afectar a todo el sistema hormonal.


