El proceso de envejecimiento suele manifestarse de formas bien conocidas, desde las canas y las arrugas hasta los lapsos de memoria. Esto ha planteado una cuestión científica que viene de lejos: ¿sería posible, en última instancia, ralentizar, prevenir o incluso revertir algunos de estos cambios? Un estudio en el que participó un grupo de científicos de la Universidad Xi’an Jiaotong-Liverpool, la Universidad de Stanford, la Universidad Jiao Tong de Shanghái y la Universidad de la Academia China de Ciencias apunta a una posibilidad fascinante. En experimentos con ratones envejecidos, los investigadores descubrieron que los suplementos alimenticios que contenían compuestos derivados de las ascidias —conocidas comúnmente como «escamas de mar»— revertían varios signos asociados al envejecimiento.
Una fuente inusual de principios activos antienvejecimiento
Las ascidias son animales marinos que se consumen en algunas partes de Asia, entre ellas Corea (donde se conocen como «meongge» o 멍게) y Japón («hoya» o ホヤ). Pertenecen al filo de los tunicados (Tunicata) y son biológicamente notables porque, a pesar de su aspecto sencillo y a menudo inmóvil, forman parte de los cordados y, por lo tanto, están emparentados evolutivamente con los vertebrados. Cuando alcanzan la madurez, suelen fijarse a rocas, instalaciones portuarias u otras superficies sólidas y filtran el agua de mar para alimentarse de los microorganismos y partículas orgánicas que contiene. Algunas especies se crían de forma selectiva y se ofrecen como manjar en la cocina asiática. Se pueden comer crudas y contienen altas concentraciones de los denominados plasmalógenos.

Los plasmalógenos son un tipo de lípidos, es decir, moléculas de grasa, que constituyen un componente importante de las membranas celulares. Se encuentran de forma natural en todo el cuerpo humano y están especialmente presentes en el cerebro, el corazón y las células inmunitarias. Su concentración tiende a disminuir con la edad. También se han observado concentraciones reducidas de plasmalógenos en diversas enfermedades neurodegenerativas, entre ellas el Alzheimer y el Parkinson. Esta relación ha llevado a los investigadores a estudiar si la recuperación de los niveles de plasmalógenos podría contribuir a proteger al cerebro de algunos de los cambios asociados al envejecimiento.
Para estudiar esta posibilidad, el equipo añadió plasmalógenos a la dieta de ratones de edad avanzada y analizó cómo afectaba este suplemento tanto a su comportamiento como a su físico. Los resultados fueron notables. Los ratones tratados mostraron mejoras significativas en el aprendizaje y, además, presentaron cambios físicos visibles. El profesor Lei Fu, autor correspondiente del estudio, afirmó: «Nuestra investigación sugiere que los plasmalógenos no solo podrían frenar el deterioro cognitivo, sino que incluso podrían revertir las alteraciones cognitivas en el cerebro envejecido. Además, a los ratones de edad avanzada alimentados con plasmalógenos les crece pelo negro nuevo, más grueso y brillante que el de los ratones de edad avanzada que no recibieron el suplemento alimenticio». Según los investigadores, este trabajo ofrece una primera visión detallada de cómo los plasmalógenos podrían influir en el cerebro envejecido.
Los ratones de edad avanzada muestran una mejora en la memoria
Para medir el aprendizaje y la memoria, los científicos utilizaron un experimento de laboratorio habitual denominado «laberinto acuático de Morris». En esta prueba, se colocan ratones en una piscina en la que hay una plataforma oculta sobre la que pueden descansar.
Dado que los ratones suelen preferir escapar del agua, aprenden poco a poco dónde se encuentra la plataforma. Tras varios días de entrenamiento, los ratones más jóvenes suelen recordar su posición y nadan rápidamente hacia ella. Los ratones de más edad suelen necesitar más tiempo para encontrar la plataforma, lo que refleja el deterioro de la capacidad de aprendizaje y la memoria asociado al envejecimiento. Tras cinco días de entrenamiento, los ratones de más edad a los que se les habían administrado plasmalógenos mostraron un rendimiento mucho más cercano al de los animales más jóvenes. Llegaron a la plataforma mucho más rápido que los ratones de edad avanzada que no habían recibido el preparado. A continuación, los investigadores examinaron los cerebros de los animales para averiguar qué podría explicar esta mejora.
Descubrieron que los ratones a los que se les habían administrado plasmalógenos tenían más sinapsis y que estas parecían estar en mejor estado que las de los ratones de edad avanzada no tratados. Las sinapsis son los minúsculos puntos de conexión a través de los cuales las células nerviosas se comunican entre sí. Permiten la transmisión de señales a través de las redes neuronales y son indispensables para el aprendizaje, la memoria y muchas otras funciones cerebrales.
Restablecimiento de conexiones en el cerebro que envejece
Las sinapsis son extremadamente adaptables en la juventud. Esta capacidad de cambiar y formar nuevas conexiones —a menudo denominada «plasticidad neuronal»— ayuda al cerebro a aprender nueva información y habilidades. Sin embargo, con la edad, las sinapsis pueden disminuir en número y perder eficacia. Este deterioro también se asocia a enfermedades neurodegenerativas y puede contribuir al deterioro de las capacidades cognitivas.

En el experimento, los ratones de edad avanzada que recibieron suplementos de plasmalógenos parecieron ser más capaces de formar nuevas conexiones neuronales y de aprender nuevas tareas que los ratones que recibieron una dieta normal. Los resultados sugieren que aumentar la ingesta de plasmalógenos a través de la alimentación podría ayudar a proteger las sinapsis frente a ciertas formas de deterioro relacionado con la edad. Los investigadores observaron además otra diferencia importante entre los grupos: la inflamación cerebral era significativamente menor en los ratones que recibieron plasmalógenos.
La inflamación forma parte de la respuesta inmunitaria normal del organismo, pero la inflamación crónica o excesiva en el cerebro puede resultar perjudicial. A medida que el cerebro envejece, la actividad inmunitaria puede desequilibrarse, lo que podría dañar las células nerviosas y alterar la comunicación entre las sinapsis. Además, la inflamación persistente se considera un factor importante en la aparición de diversas enfermedades neurodegenerativas. Por lo tanto, la reducción de la inflamación observada en los ratones tratados con plasmalógenos podría explicar por qué obtuvieron mejores resultados en las pruebas de aprendizaje y memoria.
Cómo podrían actuar los plasmalógenos
Los científicos aún no saben con exactitud cómo los plasmalógenos de la alimentación provocan estos efectos. El profesor Fu esbozó varios mecanismos posibles. «Hemos observado que los plasmalógenos aumentan significativamente el número de moléculas que favorecen el crecimiento y el desarrollo de las neuronas y las sinapsis en el cerebro. Esto sugiere que los plasmalógenos pueden favorecer la neurorregeneración. Además, cada vez hay más indicios de que los plasmalógenos influyen directamente en las propiedades estructurales de las sinapsis. Los plasmalógenos podrían aumentar la fluidez y la flexibilidad de las membranas sinápticas, influyendo así en la transmisión de impulsos entre las neuronas».
La neurorregeneración se refiere a la reparación, renovación o regeneración de las células nerviosas y sus conexiones. Si los plasmalógenos favorecen este proceso, podrían ayudar al cerebro envejecido a conservar o reconstruir parte de los circuitos neuronales necesarios para la memoria y el aprendizaje. Los investigadores creen, además, que los efectos podrían no limitarse a lo que ocurre directamente en el cerebro. El profesor Fu señala la conexión intestino-cerebro como otra posible vía de acción. Algunos estudios han demostrado que los plasmalógenos procedentes de la alimentación influyen en los microorganismos del intestino. Es bien sabido que la conexión entre los organismos de nuestro intestino y nuestro cerebro influye en la neurodegeneración. Es posible que sea el efecto de los plasmalógenos sobre esta conexión lo que provoque las mejoras en el aprendizaje y la memoria observadas en este estudio.
El intestino alberga enormes comunidades de bacterias y otros microorganismos, que en conjunto se denominan microbioma intestinal. Los resultados de las investigaciones apuntan cada vez más a que estos microbios pueden influir en el cerebro a través de señales inmunitarias, el metabolismo y otras vías biológicas. Los científicos suelen denominar a este sistema de comunicación bidireccional «eje intestino-cerebro».
¿Podrían los plasmalógenos ayudar a las personas en última instancia?
El profesor Fu está tan convencido de los resultados que él mismo toma a diario un suplemento de plasmalógenos. «Demostramos por primera vez que los suplementos de plasmalógenos podrían constituir una posible estrategia de intervención para frenar la neurodegeneración y favorecer la neurorregeneración. La ingesta oral de plasmalógenos podría ser una estrategia terapéutica viable para mejorar las funciones cognitivas en las personas mayores».
Los resultados son fascinantes, pero proceden de un modelo animal. Las mejoras observadas en ratones no significan necesariamente que el consumo de ascidias o la ingesta de complementos alimenticios que contengan plasmalógenos vaya a revertir el proceso de envejecimiento en los seres humanos. Serían necesarias más investigaciones para determinar si se producen efectos similares en los seres humanos, qué dosis podrían ser eficaces y si su ingesta a largo plazo es segura.
Resulta especialmente interesante la cuestión de si el organismo puede absorber plasmalógenos en cantidades suficientes y ponerlos a disposición del cerebro. Los primeros estudios indican que determinados preparados de plasmalógenos o sus precursores pueden aumentar los niveles de plasmalógenos en el cuerpo humano. Sin embargo, aún no está claro si esto basta por sí solo para mejorar de forma duradera el funcionamiento de las neuronas. Es posible que los plasmalógenos actúen sobre varios procesos biológicos al mismo tiempo. Podrían contribuir a la estabilidad de las membranas celulares y las sinapsis, influir en los procesos inflamatorios del cerebro y, posiblemente, actuar también a través del eje intestino-cerebro. No obstante, estos mecanismos siguen siendo objeto de investigación. También quedan cuestiones por resolver en cuanto a la seguridad y la dosificación adecuada. Los estudios en humanos realizados hasta la fecha han sido, en su mayoría, de tamaño relativamente reducido y se han prolongado solo durante unas semanas o meses. Por lo tanto, aún es necesario investigar con mayor detalle si su consumo a largo plazo es realmente seguro y recomendable.
No obstante, los resultados abren una posibilidad inusual. Un compuesto presente en un animal marino comestible podría ofrecer a los científicos un nuevo enfoque para investigar cómo afecta el envejecimiento al cerebro y si algunos de estos cambios podrían revertirse.


